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004. ¿CUÁNDO EMPEZAMOS A CREER QUE YA ERA TARDE?

004. ¿CUÁNDO EMPEZAMOS A CREER QUE YA ERA TARDE?

20 sept
2 min de lectura

Hay una edad en la que uno deja de pedirle cosas a la vida. No porque ya no quiera.

Sino porque empieza a pensar que algunas cosas ya no corresponden.


“Eso era antes.”

“Ya no.”

“A estas alturas…”

“¿Para qué?”


Y poco a poco empezamos a hablar de nuestros sueños en pasado. Eso quería hacer. Eso me hubiera gustado. Eso era cuando era más joven.


Como si el tiempo tuviera una puerta que se cierra. Como si después de cierta edad hubiera cosas que dejaran de pertenecernos.


Y quizá lo más extraño es que nadie nos anuncia cuándo ocurre.


No hay un día en el calendario que diga:

A partir de hoy, deja de pedirle cosas a la vida.

Simplemente empezamos a hacerlo.


Tal vez no dejamos de tener sueños.

Solo empezamos a sentir vergüenza de tenerlos. Nos da pena decir que todavía queremos algo.


Cambiar de rumbo.

Aprender algo nuevo.

Volver a enamorarnos.

Hacer aquella canción.

Escribir aquel libro.

Viajar.

Estudiar.

Empezar un proyecto.

Volver a una ciudad.

Llamar a alguien.


O simplemente descubrir quiénes somos después de todo lo que nos pasó. Porque a veces no es la edad la que nos detiene.

Son las historias que hemos aprendido a contarnos sobre nuestra edad.


Hay fronteras que no aparecen en ningún mapa.

Algunas están hechas de kilómetros.


Otras de miedo.

De culpa.

De vergüenza.

De lo que otros esperan de nosotros.


Y algunas están hechas de una frase que repetimos tantas veces que termina pareciendo una verdad:


“Eso ya no es para mí.”


Pero…

¿quién decidió eso?

¿En qué momento?

¿Y por qué nosotros?


Quizá volver a empezar no siempre significa comenzar otra vida. A veces significa algo mucho más pequeño. Abrir una página. Volver a tocar una canción. Retomar una conversación. Ponerse los zapatos. Hacer aquella llamada. Volver a mirar un sueño que habíamos guardado en un cajón.


No para recuperar a la persona que fuimos.

Sino para descubrir quién podemos ser después de todo lo vivido. Porque quizá crecer no consiste solamente en aprender a dejar cosas atrás. También consiste en aprender qué cosas todavía vale la pena llevar con nosotros.


Pienso en Doña Vera.


En esa mujer que creyó que algunas páginas ya estaban escritas. Y quizá la vida no le estaba pidiendo que borrara lo anterior. Solo que se atreviera a escribir una página más.


Una que no estaba en el mapa.

Una que nadie podía escribir por ella.

Una que comenzaba precisamente donde ella había decidido que terminaba su historia.

Y tal vez esa sea la frontera más difícil de cruzar:

la que existe entre lo que creemos que ya somos


 y lo que todavía podemos llegar a ser.


Si estás leyendo esto y hay algo que hace tiempo dejaste de pedirle a la vida…

quizá no tengas que responderte todavía si es posible. Quizá basta con preguntarte:


¿Por qué no?

Y dejar la pregunta abierta.


A veces una nueva historia no comienza con una respuesta. Comienza con el permiso de volver a preguntar.


Eleazar Joshué


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